Nuestro equipo

El mejor equipo de profesionales

Luis Marin de pie con las manos en los bolsillos, fotografia horizontal en el despacho con logos en las puertas

Servicio cercano y de alto valor añadido

Nuestro objetivo

Nuestro principal objetivo es poner a disposición de nuestros clientes el mejor equipo de profesionales para ofrecer un soporte y asesoramiento completo e integral con la máxima calidad y excelencia. Queremos proporcionar a nuestros clientes un servicio cercano y de alto valor añadido.

Luis Marin sonriendo en el despacho

El equipo

Máxima calidad y excelencia
Luis Marín, economista y director del despacho

Doctor en Derecho
Economista. Abogado. Mediador Civil y Mercantil
Máster Auditoría de Cuentas
Máster Tributación y Asesoría Fiscal
Profesor Asociado Dpto. Finanzas y Org. Empresas de la Universidad de Murcia
Profesor ENAE Business School
Profesor Invitado MBA UCAM

Luis Alberto Marín González

Responsable Departamento Fiscal y Jurídico
Equipo de economistas de Luis Marin_Rafa

Rafael Marín González

Responsable Departamento Contable
Equipo de economistas de Luis Marin_Pilar

Pilar Marín González

Departamento Laboral
Equipo de economistas de Luis Marin_Cristina

Cristina Ballester Muñoz

Departamento Laboral

Una historia que empezó mucho antes que nuestro nombre

Hay despachos que nacen de un plan de negocio.

Este nació de mi padre, Luis Marín Selva.

Perdió al suyo siendo muy joven y decidió, sin decírselo a nadie, que aquello no iba a decidir el resto de su vida.

En los años sesenta entró a trabajar en una gestoría de Murcia. Era el más joven de la oficina y el que menos sabía. Las dos cosas se arreglan igual: trabajando.

Aprendió el oficio despacio. Con humildad, que es la única forma de aprender algo de verdad. Preguntando lo que no sabía sin que le diera vergüenza no saberlo. Quedándose cuando los demás ya se habían ido. Repasando dos veces lo que solo hacía falta repasar una.

Y aprendió, sobre todo, algo que no estaba escrito en ningún manual.

Que ninguna carpeta es una carpeta.

Que detrás de cada expediente hay una persona. Un padre de familia que ha metido en un negocio los ahorros de veinte años. Una mujer que se ha quedado sola al frente del taller. Alguien que entra por la puerta intentando que no se le note el miedo.

Eso no se estudia. Se aprende mirando a los ojos a quien tienes enfrente. Y quien lo aprende así ya no vuelve a tratar un expediente como si fuera papel.

Pasaron los años. Y llegó el día en que aquella gestoría en la que había entrado sin saber nada acabó estando a su cargo.

No hubo discurso. Hubo lo de siempre: llegar temprano, coger el teléfono, dar la cara.

1993

Mi padre aprendió el oficio trabajando. Yo pude estudiarlo.

Me hice economista, y en 1993 me incorporé al despacho.

Llegué con un título debajo del brazo y con la sensación de que sabía bastante. Tardé poco en descubrir que sabía exactamente la mitad.

Sabía leer un balance. No sabía leer a la persona que me lo estaba enseñando.

Sabía calcular lo que había que pagar. No sabía lo que significa para alguien tener que pagarlo.

Eso lo sabía él, y no había forma de aprenderlo deprisa.

Pero yo traía algo que en aquel momento hacía falta. Y de ahí salió una pregunta que nos hicimos los dos:

Si sabemos hacer esto, ¿por qué nos limitamos a tramitarlo?

Una gestoría presenta. Una asesoría decide.

La primera te dice qué papel hay que entregar y en qué plazo. La segunda te dice si ese papel te conviene, qué consecuencias tiene firmarlo y qué habría pasado si hubieras llamado seis meses antes.

Cada uno teníamos la mitad de lo que hacía falta. Él, lo que no viene en los libros. Yo, lo que sí viene.

Ninguna de las dos mitades servía sola.

Juntas convirtieron aquella gestoría en una asesoría fiscal.

Treinta años después sigo explicando esa diferencia a clientes nuevos. No es un argumento de venta que redactó una agencia. Es, literalmente, el motivo por el que existe este despacho.

En el año 2000, por fin, un nombre

Aquello dejó de ser la continuación de algo y pasó a ser un proyecto propio. Nació Luis Marín Economistas.

Después se incorporaron dos hermanos más.

Cuatro personas de la misma familia trabajando juntas es un experimento que sale mal muchas más veces de las que sale bien. Si aquí funcionó fue porque lo importante no hubo que negociarlo nunca. Eso ya venía aprendido de casa.

Lo que no ha cambiado

Han pasado sesenta años.

Han cambiado las leyes, y no una vez ni dos. Ha cambiado la tecnología: hoy un impuesto se presenta con certificado digital, y a partir de 2027 habrá que facturar con un sistema certificado por Hacienda. Cosas que en aquella oficina de los sesenta habrían sonado a ciencia ficción.

Han cambiado los clientes, los sectores, y hasta la forma de coger el teléfono.

No ha cambiado una cosa.

Seguimos creyendo que ninguna carpeta es una carpeta.

Que detrás de cada expediente hay una persona que no duerme bien.

Y que nuestro trabajo sigue siendo el mismo de siempre: conseguir que duerma.

Para mi padre.
Luis Marín

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